SOBRE PAELLÓ

No empezamos como un negocio.

Empieza por algo más simple:
alrededor del fuego pasan cosas que no se viven en otros sitios.

Y cada vez se viven menos.

La madera antes del fuego

Desde que el ser humano empezó a cocinar con fuego, no solo cambió la comida. Cambió también la forma de reunirse. Eso que tiene el fuego, que hace que la gente se quede alrededor y acabe hablando, sigue teniendo valor hoy. Pero cada vez se vive menos así.

Las primeras chispas

Soy de Vila-real y he crecido con paellas los domingos. Mi abuela, en su casa de la playa, hacía arroz con mejillones y gambas rojas. Mi abuelo las hacía a leña: pollo, conejo, caracoles, garrofón. Eran diferentes. Pero en el fondo era lo mismo: gente tomando el aperitivo, alguien pendiente del fuego, conversaciones que iban saliendo solas. Con los años entendí que eso era lo importante.

Cuando prende el fuego

Durante mis años en Alemania, los domingos hacíamos paella.

Era una forma de estar cerca en tiempo de la pandemia.

Un día, una amiga de mi prima me pidió que fuera a cocinar para el cumpleaños de su padre.

Éramos unas 20 personas. Fue algo bastante improvisado.Pero la gente no se quedó esperando a comer.

Se acercaban mientras cocinaba, preguntaban, comentaban, se quedaban ahí.

En ese momento entendí que no era solo la paella sino todo lo que ocurría alrededor. Empezaron a llamarme para más eventos.

Cumpleaños, bautizos, incluso una boda en una carpa de circo.

Me lo estaba pasando bien.

Y veía a la gente disfrutar de algo muy nuestro, algo que no necesita explicarse demasiado para entenderse.

Avivar la llama

Empecé a fijarme en algo que siempre me había interesado: los rituales. En distintos lugares del mundo, el fuego y la comida generan momentos muy parecidos. Viví uno de esos rituales en México, alrededor de una hoguera. Sin necesidad de explicarlo, todo el mundo sabía cuándo estar, cuándo hablar y cuándo callar. Poco después, en Nueva Orleans, pasé varios días comiendo mal. Y ahí recordé algo muy básico: lo importante que es comer bien. Ahí entendí que, si esto tenía sentido, había que hacerlo bien.

Dominar el fuego

Me matriculé en la escuela de Gastronomía GASMA, donde aprendí técnica, producto y procesos con algunos de los mejores profesionales del sector. Pero, sobre todo, aprendí a pensar la gastronomía. A construir platos con sentido, no solo a ejecutarlos.

Cuando el fuego se estabiliza

Después pasé por Can Ros, en Borriana, una arrocería a leña que mantiene la esencia de la paella.

Ahí aprendí lo más importante: no se trata de seguir pasos, sino de saber leer el fuego y el producto.

Cuando terminé, ya no estaba replicando una receta. Estaba entendiendo lo que estaba pasando.

Las brasas que quedan

Eso es PAELLÓ. Llevar todo esto a tu casa. El fuego encendido. La gente que se acerca sin darse cuenta. Algo de beber que pasa de mano en mano. El tiempo que pasa a un segundo plano. No es solo cocinar. Es crear el contexto para que eso ocurra.

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Y lo llevamos donde estés